¿A quién escoger de Alcalde?

Hay un tema en el que no me gusta meterme mucho, y ese es la política. La razón es que, con toda la turbulencia que hay en este mundillo, lleno de conflictos entre dirigentes, censura de prensa y -no podía faltar- corrupción, es muy probable que uno se equivoque al dar una opinión. Basta con mencionar en alguna página colombiana: “¿La paz de Santos o la paz de Uribe?”, y todo el mundo perderá la cabeza.

Sin embargo, hace poco ha despertado mi interés por meterme en estas cosas. Tal vez se deba a que están comenzando las elecciones para concejales y alcaldes en todo el país (y porque sólo hasta ahora tengo edad para votar :v ). Además estoy en mi derecho de hacerlo. Por supuesto estoy abierto al diálogo, y si hay algún experto en el tema, que ponga su granito de arena. Hágale, con confianza.

Conozco las atrocidades que han hecho tanto la derecha colombiana como la izquierda. Y conozco gente que, a pesar de saberlas también, continúan defendiendo a capa y espada su partido preferido, y se excusan diciendo que todo fue perpetuado por <<inserte ideología opuesta>> para dañar la imagen de la buena y misericordiosa <<inserte ideología favorita>>. No quiero caer en el horrible error del fanatismo y la falta de imparcialidad. Esto no se trata de quién va a gobernar, sino de quién lo hará mejor. Las ideas humanas son, a fin de cuentas, humanas, con todo lo imperfecto y fallido que eso implica. Y si nos vamos a buscar un partido perfecto, nos vamos a quedar buscando, porque no lo hay.

Aunque aun es temprano decidir a quién votar, por ahora diré quién es mi favorito y por qué. He leído las entrevistas que ya algunos periódicos les han hecho a los candidatos, además que he visto las que hacen los noticieros nacionales. Es interesante e importante analizar no sólo el contenido de los discursos de los aspirantes a alcaldes, sino también la forma en que éste es formulado. Hagamos un experimento: ¿a quién escogerían de entre estos dos candidatos?

  • Entrevistador: ¿cómo combatirá la delincuencia en nuestra ciudad?
  • Candidato 1: Fortaleceremos la fuerza policiaca, limpiando la corrupción que en esta institución existe, además de interconectar la ciudad con cámaras que nos permitan identificar a los victimarios. Además, iniciaremos campañas culturales para que los jóvenes se interesen desde temprana edad en algún arte y se alejen de la delincuencia.
  • Candidato 2: Voy a capturar a todos los bandidos que atenten con la dignidad de nuestros honorables ciudadanos, quienes honradamente se ganan el pan para dárselos a sus hijos, y tienen que soportar los actos violentos de la gente deshonrada.

Si preferiste al candidato 2, te tengo una mala noticia, amig@: Te dejas endulzar el oído.

Por un lado, el candidato 1 especificó cómo acabará con la delincuencia, dando estrategias y explicando cómo lo hará. Por otro, el número 2 se limitó a decir lo que todo el mundo quiere escuchar -halagos, frases de consuelo, denigración de actos detestables…- pero no lo que deben escuchar. ¿Por qué hago este experimento? Porque vi una situación parecida en estas elecciones. No voy a decir de qué candidatos lo escuché, porque un discurso bien diseñado no lo es todo para definir la integridad y el liderazgo de una persona. Es importante, sí. Pero no lo más importante. Decir quién lo dijo sería juzgar por un aspecto que hasta cierto punto resulta superficial. Como dice el dicho: caras vemos, corazones no sabemos.

Por ahora mi favorito es el representante del Movimiento Libertario, Daniel Raisbeck. Parece ser el más directo, el más realista y el que tiene las propuestas que más considero yo primordiales (erradicar la corrupción en el Distrito, una planeación más elaborada de las rutas de TransMilenio y SITP, erradicación de las micro-mafias, entre otras). Clara López también me inspira confianza, ya que alcanzó a ser alcaldesa por un tiempo, y la forma en la que dice ejecutará sus propuestas parecen eficientes sin rozar lo imposible. Por supuesto mi decisión puede cambiar. ¿Y qué opinan ustedes? ¿A quién desean votar?

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La falta de decencia

Decir “alcahueta” es poco para definir lo que hizo esta señora. Podría usar otros apelativos más bruscos, y de verdad que tengo ganas, pero creo que casos como estos es mejor analizarlos con la cabeza fría. Bueno, ¿por dónde empezamos?

Comenzaré diciendo cómo me informé de esto. Estaba en un bus temprano en la mañana. Maravillado por las bondades del Twitter (al que me he llegado a pegar bastante), estuve husmeando en lo que era trending topic el día de hoy. Bajando por la lista, me encontré con un hashtag que me hizo abrir los ojos cual huevo estrellado, #MientoComoLaDelsitp. Mirando lo que se trinaba al respecto, me encontré con comentarios sarcásticos y ofensivos sobre un tema que ya hacía eco en los oídos de los colombianos: la violación en contra de una conductora de buses (aquí en Colombia les decimos S.I.T.P.) perpetuada el jueves en la noche. No pude evitar pensar en lo irrespetuosos que eran todos esos twitteros hablando de un tema tan delicado. Y toda esa solidaridad hacia la señora desapareció cuando, en la radio del bus en el que iba, escuché una noticia:

“Conductora del Sitp confesó que no fue violada”. El Espectador.com. Clic en la imagen para la nota completa.

Me quedé de piedra. Por mi mente pasaban muchas cosas. Me sentí torpe por sentir lástima por alguien que no lo merece, o lo que es más, que no merece nada. Me enojé un poco por ver que hay gente que se aprovecha del decoro de la gente para beneficio propio. Pero lo que más inundaba mis pensamientos era la vergüenza ajena que sentía -y aun siento- por los hijos de esa mujer de 35 años. No quiero imaginarme cómo se deben encontrar esos pobres niños, a quienes apuesto señalarán y humillarán en el colegio, y todo por tener por madre a alguien que apuesto tiene un problema serio en la cabeza. Porque, las cosas como son, ¿qué persona en su sano juicio diría que la violaron sólo para obtener beneficios por parte del Estado? Tengo entendido que ella misma se lastimó para que Medicina Legal le creyera. Hay que estar en verdad loco.

Todos estos pensamientos negativos se desvanecieron un poco al continuar leyendo el hashtag. Si hay algo que me gusta de la cultura de mi país, es pasar las situaciones negativas con comedia. Y ojo, no justifico el bullying que se le está haciendo a la señora en redes sociales. Por más mal que se haya portado, no siento que lo que haya hecho amerite todos los insultos que se están haciendo contra su nombre. Pero por supuesto, eso no va a detener a la gente a que demuestre su desagrado sobre el tema, me incluyo yo. Lo que espero ahora es que a la señora la procesen y le pongan el correctivo correspondiente. Y ojalá no le vayan a dar casa por cárcel -que ya parece una moda en Colombia ponerla-, porque apuesto a que los civiles se encargarán de hacerle la vida imposible rompiéndole los vidrios y grafiteando sus paredes.

No puedo evitar pensar en sus hijos, los cuales sé que, al final de todo, van a pagar los platos rotos. Una lástima, cuando ellos son los menos culpables en esto.

¡Me quiero sacar esta espina!

Si existe algo que siempre me ha gustado hacer, desde mi más tierna infancia, es juzgar todo lo que veo: las campañas de los candidatos políticos del momento, los artistas que cantan en el bus, las noticias que veo en el televisor, la forma de enseñar de mis profesores, los problemas socio-culturales que me rodean, la apariencia de la gente que camina en la calle, los precios de la cerveza enlatada… Aquello que me rodea se vuelve una fuente casi inagotable de observaciones, teorías y conclusiones, sin importar lo grande o pequeño que sea. A cualquier signo, cualquier objeto que represente o diga algo, lo desmenuzo hasta sacarle toda la información que pueda; básicamente, a todo.

Y no es algo que haga por voluntad propia. Es automático, no lo controlo. Por ejemplo, ahora mismo en la sala de mi casa están viendo una película de acción con contrabandistas y secuestros, y no puedo evitar pensar en que ese filme sigue con el mismo modelo de otros de su género, o que la violencia que abunda en la franja televisiva de mi país nos hace acostumbrarnos a ella, y en muchas otras. Así es todo el día, todos los días. Llego a acumular tanta semiosis en mi mente que al final del día termino con migraña, y no encontraba una forma de librarme de esto… Hasta que un día comencé a escribir.

Inicié mi vida de escritor en mi época de adolescente, con un pequeño diario, el cual aun conservo entre unos papeles del colegio y una carpeta llena de dibujos. Encontraba fascinante el escribir para mí, y solo para mí. Era como hacerme un regalo cada semana. En él he hecho reflexiones, cuentos cortos, introducciones a novelas que todavía tengo en proceso, y poemas que más parecen trabalenguas. Ahí está, un poco empolvado. De vez en cuanto lo leo otra vez y a mi mente vuelven recuerdos bellos… y otros horribles. Pero es importante recordar todo lo que fuimos e hicimos, incluso si no todo fue hermoso; así sabremos con más claridad quiénes somos y quiénes queremos ser. Aunque por supuesto, es mucho más importante el saber quiénes somos. El futuro y el pasado no lo podemos controlar, pero el presente sí. Recuerdo que un amigo muy querido me dijo: “voltear al pasado y perdonarnos es primordial para poder avanzar”. Y tiene razón.

Pero me desvié un poco del tema. Continuemos.

A pesar de que amaba escribir para mí (y así sigue siendo), llegó un punto en que mi migraña volvió. Si no estoy mal, fue cuando ingresé a la universidad; una universidad pública donde abundan ideologías, modas, tribus y costumbres, que logran desarrollarse fuera del yugo de los colegios y los padres. Mi universidad es, básicamente, un nido de signos a los qué analizar. Y cada día que vuelvo de ella en mi alma aun vuelan sentimientos encontrados. Y como dije al principio de este párrafo, el escribir para mí no basta para librarme de esa dosis diaria de información acumulada. ¿Qué hacer, entonces? Bueno, descubrí que compartir mis juicios con mis amigos aliviaba esa sensación. Y ya que tengo la fortuna de tener amigos muy ilustrados y abiertos al diálogo, siempre terminamos sacando más conclusiones que aclaran mejor mis ideas. Charlar con ellos se vuelve muy terapéutico (¡a la m*erda las aspirinas!). Lastimosamente, debido a que todos tomamos caminos distintos -y universidades distintas- tras graduarnos del colegio, se han vuelto menos frecuentes nuestros encuentros. He hecho nuevos amigos, sí. Pero mientras más avanza el semestre menos tiempo tenemos de hablar, debido al millar de trabajo que se nos acumula.

Debo decir que tomé una buena decisión al escoger estudiar la rama de las humanidades, ya que cada clase es un nuevo debate y me logro sacar esa “espinita”, aunque no sea del todo. Voy en tercer semestre de Licenciatura en Lenguas Extranjeras, y durante este año y medio de estudios he vivido con un estrés que jamás había sentido en lo que llevo de vida. Sé que no es por las tareas que tengo que hacer, las cuales hago con mucho placer al ser la mayoría ensayos, reseñas y análisis discursivos. No, todo se debe a los discursos pro-socialistas que presencio, a las protestas que interrumpen las clases, a las nuevas expresiones artísticas que me he encontrado. Quiero hablar de todo eso. Quiero exponer todas las ideas que surgen a partir de lo que veo. Me siento llamado a eso. Tal vez todo ese estrés es un grito que mi subconsciente hace y que dice: “¡Escribe, coño!”. Y si todo lo que hago le gusta a al menos a una persona, entonces valdrá la pena hacerlo público. Por eso inicio este blog.

Así que no es más. Bienvenidos a ChaloBlogg. Espero que disfruten tanto al leer mis pensamientos como amaré yo el compartirlos con ustedes.

Que no les engañe la foto de serio, soy un desmadre en persona B)
Que no les engañe la foto de serio, soy un desmadre en persona B)