La falta de decencia

Decir “alcahueta” es poco para definir lo que hizo esta señora. Podría usar otros apelativos más bruscos, y de verdad que tengo ganas, pero creo que casos como estos es mejor analizarlos con la cabeza fría. Bueno, ¿por dónde empezamos?

Comenzaré diciendo cómo me informé de esto. Estaba en un bus temprano en la mañana. Maravillado por las bondades del Twitter (al que me he llegado a pegar bastante), estuve husmeando en lo que era trending topic el día de hoy. Bajando por la lista, me encontré con un hashtag que me hizo abrir los ojos cual huevo estrellado, #MientoComoLaDelsitp. Mirando lo que se trinaba al respecto, me encontré con comentarios sarcásticos y ofensivos sobre un tema que ya hacía eco en los oídos de los colombianos: la violación en contra de una conductora de buses (aquí en Colombia les decimos S.I.T.P.) perpetuada el jueves en la noche. No pude evitar pensar en lo irrespetuosos que eran todos esos twitteros hablando de un tema tan delicado. Y toda esa solidaridad hacia la señora desapareció cuando, en la radio del bus en el que iba, escuché una noticia:

“Conductora del Sitp confesó que no fue violada”. El Espectador.com. Clic en la imagen para la nota completa.

Me quedé de piedra. Por mi mente pasaban muchas cosas. Me sentí torpe por sentir lástima por alguien que no lo merece, o lo que es más, que no merece nada. Me enojé un poco por ver que hay gente que se aprovecha del decoro de la gente para beneficio propio. Pero lo que más inundaba mis pensamientos era la vergüenza ajena que sentía -y aun siento- por los hijos de esa mujer de 35 años. No quiero imaginarme cómo se deben encontrar esos pobres niños, a quienes apuesto señalarán y humillarán en el colegio, y todo por tener por madre a alguien que apuesto tiene un problema serio en la cabeza. Porque, las cosas como son, ¿qué persona en su sano juicio diría que la violaron sólo para obtener beneficios por parte del Estado? Tengo entendido que ella misma se lastimó para que Medicina Legal le creyera. Hay que estar en verdad loco.

Todos estos pensamientos negativos se desvanecieron un poco al continuar leyendo el hashtag. Si hay algo que me gusta de la cultura de mi país, es pasar las situaciones negativas con comedia. Y ojo, no justifico el bullying que se le está haciendo a la señora en redes sociales. Por más mal que se haya portado, no siento que lo que haya hecho amerite todos los insultos que se están haciendo contra su nombre. Pero por supuesto, eso no va a detener a la gente a que demuestre su desagrado sobre el tema, me incluyo yo. Lo que espero ahora es que a la señora la procesen y le pongan el correctivo correspondiente. Y ojalá no le vayan a dar casa por cárcel -que ya parece una moda en Colombia ponerla-, porque apuesto a que los civiles se encargarán de hacerle la vida imposible rompiéndole los vidrios y grafiteando sus paredes.

No puedo evitar pensar en sus hijos, los cuales sé que, al final de todo, van a pagar los platos rotos. Una lástima, cuando ellos son los menos culpables en esto.

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Autor:

Estudiante de Lenguas Extranjeras, escritor novato, dibujante, ciclista por hobby y cuentachistes mediocre.

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