¡Me quiero sacar esta espina!

Si existe algo que siempre me ha gustado hacer, desde mi más tierna infancia, es juzgar todo lo que veo: las campañas de los candidatos políticos del momento, los artistas que cantan en el bus, las noticias que veo en el televisor, la forma de enseñar de mis profesores, los problemas socio-culturales que me rodean, la apariencia de la gente que camina en la calle, los precios de la cerveza enlatada… Aquello que me rodea se vuelve una fuente casi inagotable de observaciones, teorías y conclusiones, sin importar lo grande o pequeño que sea. A cualquier signo, cualquier objeto que represente o diga algo, lo desmenuzo hasta sacarle toda la información que pueda; básicamente, a todo.

Y no es algo que haga por voluntad propia. Es automático, no lo controlo. Por ejemplo, ahora mismo en la sala de mi casa están viendo una película de acción con contrabandistas y secuestros, y no puedo evitar pensar en que ese filme sigue con el mismo modelo de otros de su género, o que la violencia que abunda en la franja televisiva de mi país nos hace acostumbrarnos a ella, y en muchas otras. Así es todo el día, todos los días. Llego a acumular tanta semiosis en mi mente que al final del día termino con migraña, y no encontraba una forma de librarme de esto… Hasta que un día comencé a escribir.

Inicié mi vida de escritor en mi época de adolescente, con un pequeño diario, el cual aun conservo entre unos papeles del colegio y una carpeta llena de dibujos. Encontraba fascinante el escribir para mí, y solo para mí. Era como hacerme un regalo cada semana. En él he hecho reflexiones, cuentos cortos, introducciones a novelas que todavía tengo en proceso, y poemas que más parecen trabalenguas. Ahí está, un poco empolvado. De vez en cuanto lo leo otra vez y a mi mente vuelven recuerdos bellos… y otros horribles. Pero es importante recordar todo lo que fuimos e hicimos, incluso si no todo fue hermoso; así sabremos con más claridad quiénes somos y quiénes queremos ser. Aunque por supuesto, es mucho más importante el saber quiénes somos. El futuro y el pasado no lo podemos controlar, pero el presente sí. Recuerdo que un amigo muy querido me dijo: “voltear al pasado y perdonarnos es primordial para poder avanzar”. Y tiene razón.

Pero me desvié un poco del tema. Continuemos.

A pesar de que amaba escribir para mí (y así sigue siendo), llegó un punto en que mi migraña volvió. Si no estoy mal, fue cuando ingresé a la universidad; una universidad pública donde abundan ideologías, modas, tribus y costumbres, que logran desarrollarse fuera del yugo de los colegios y los padres. Mi universidad es, básicamente, un nido de signos a los qué analizar. Y cada día que vuelvo de ella en mi alma aun vuelan sentimientos encontrados. Y como dije al principio de este párrafo, el escribir para mí no basta para librarme de esa dosis diaria de información acumulada. ¿Qué hacer, entonces? Bueno, descubrí que compartir mis juicios con mis amigos aliviaba esa sensación. Y ya que tengo la fortuna de tener amigos muy ilustrados y abiertos al diálogo, siempre terminamos sacando más conclusiones que aclaran mejor mis ideas. Charlar con ellos se vuelve muy terapéutico (¡a la m*erda las aspirinas!). Lastimosamente, debido a que todos tomamos caminos distintos -y universidades distintas- tras graduarnos del colegio, se han vuelto menos frecuentes nuestros encuentros. He hecho nuevos amigos, sí. Pero mientras más avanza el semestre menos tiempo tenemos de hablar, debido al millar de trabajo que se nos acumula.

Debo decir que tomé una buena decisión al escoger estudiar la rama de las humanidades, ya que cada clase es un nuevo debate y me logro sacar esa “espinita”, aunque no sea del todo. Voy en tercer semestre de Licenciatura en Lenguas Extranjeras, y durante este año y medio de estudios he vivido con un estrés que jamás había sentido en lo que llevo de vida. Sé que no es por las tareas que tengo que hacer, las cuales hago con mucho placer al ser la mayoría ensayos, reseñas y análisis discursivos. No, todo se debe a los discursos pro-socialistas que presencio, a las protestas que interrumpen las clases, a las nuevas expresiones artísticas que me he encontrado. Quiero hablar de todo eso. Quiero exponer todas las ideas que surgen a partir de lo que veo. Me siento llamado a eso. Tal vez todo ese estrés es un grito que mi subconsciente hace y que dice: “¡Escribe, coño!”. Y si todo lo que hago le gusta a al menos a una persona, entonces valdrá la pena hacerlo público. Por eso inicio este blog.

Así que no es más. Bienvenidos a ChaloBlogg. Espero que disfruten tanto al leer mis pensamientos como amaré yo el compartirlos con ustedes.

Que no les engañe la foto de serio, soy un desmadre en persona B)
Que no les engañe la foto de serio, soy un desmadre en persona B)
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Autor:

Estudiante de Lenguas Extranjeras, escritor novato, dibujante, ciclista por hobby y cuentachistes mediocre.

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