Un mensaje para las celebridades de Internet

Hace poco que me digné a ver un vídeo del Rubius. Había escuchado mucho sobre él, pero nunca me llamó la atención saber más, hasta que un día me decidí. La verdad, pensaba que era un youtuber más de los que abundan: jocoso, extrovertido, ridículamente gracioso. Y tras ver varios videos suyos me di cuenta que en efecto es así. Si somos realmente objetivos, nos daremos cuenta que sigue la misma estructura de muchos de los youtubers más famosos del momento. ¿Es esto malo? No, para nada. Soy de los que cree que no se puede crear algo auténticamente original. Todo entra en un género y, al hacerlo, comparte varias características con otros productos artísticos. El Rubius, Germán Garmendia, Werevertumorro, entre otros, son youtubers comediantes, pero cada uno tiene su estilo distinto de hacer comedia. Se han luchado su posición actual, y aunque parezca que su trabajo es solo hacer el tonto frente a una cámara, la verdad es que es más complejo que eso. La primera impresión que me dejó El Rubius fue lo que la gente de su país llamaría un “gilipollas”. De hecho, muchos de sus videos me causan vergüenza ajena. Pero tomando en cuenta lo que dije anteriormente de lo complejo que es hacer un video cómico para YouTube, he llegado a respetarlo aun más. No cualquiera se atrevería a ser un gilipollas frente a todo Internet, y eso merece un mérito muy grande. Además sus gameplays son muy entretenidos: me imagino lo divertido que sería jugar una tarde a la Play con él, sería un desmadre total 😀

Decidí compartir mi Rubiuxperiencia con una amiga cercana, que ha sido su fan desde mucho antes que yo. Charlamos, nos reímos… Y entonces decidí preguntarle algo que tenía la corazonada ella era capaz de responder:

-¿Al Rubius no le fastidia tener fans tan acosadoras?

Le pregunté esto porque hace un tiempo me enteré de que en Facebook se estaban formando grupos de chicas que querían abusar sexualmente de un youtuber famoso (de hecho fue por eso que decidí ver sus videos, para ver por qué tanto aquelarre). Niñas de quince, trece, y hasta once años diciendo guarradas sobre El Rubius: que le van a meter dedos en el culo, que lo van a meter un auto y lo van a secuestrar, que le quieren chupar de todo… En fin, si sigo describiendo lo que leí terminaría creando toda una novela erótica. Me asusta pensar que hay existe gente así; gente que en serio se atrevería a atentar contra la integridad de su ídolo (porque ya lo han intentado) por el mero placer de tocar a alguien aparentemente inalcanzable. Y lo peor de todo es que todas estas actitudes están socialmente aceptadas por el hecho de que son mujeres las que las hacen. Si un grupo de hombres formáramos un grupo en el que describiéramos cómo violaríamos a Emma Watson, se armaría la de Troya.

-Sí, le molesta. Él ya ha dicho en entrevistas que se siente perseguido, y hasta ha llorado por eso-.

No me sorprendió su respuesta. Esto de los fanboys y fangirls obsesiv@s ya lo había conocido antes. Basta con nombrar casos de celebridades adolescentes, como lo son Justin Bieber y One Direction, o las que fueron y ya pasaron al olvido, como los Jonas Brothers (¿alguien se acuerda aun de ellos?). Chicas que pierden los cabales por hablar o tan siquiera tocar a su ídolo. Pero obvio, esto también se da con los chicos. Recuerdo el caso de un fanático de Byorg que estaba tan obsesionado con ella, que cuando se enteró que había conseguido pareja le envió un gas ácido en forma de bomba de tiempo. “Si no es mía, no es de nadie”, me imagino que habrá pensado.

Y me preocupa el hecho de que ahora esa tendencia por la admiración obsesiva esté envenenando el pequeño mercado de los youtubers. Este fenómeno da para que ocurran esta clase de cosas: una personalidad con gran simpatía hace público su talento frente a un medio de comunicación. En la época de los Beatles fue la radio, en la de los Jonas fue la televisión, y actualmente es el Internet. La diferencia entre todos esos artistas y los youtubers, es que los primeros tienen el respaldo de una disquera, lo que simboliza protección vigilada y más o menos privacidad. Los youtubers, en cambio, son gente promedio, que viven en casas normales, sin seguridad privada. Están a la merced del amor desenfrenado de sus fans.

No estoy en contra del hecho de admirar a personalidades. Ahora mismo podría nombrar diez artistas a los que respeto muchísimo, y a los que sigo por redes sociales para estar al pendiente de su trabajo. Pero el observar todos estos casos de idolatría destructiva hacia gente de la cual yo también soy fan, me pone a pensar: ¿hasta qué punto puede llegar la obsesión de una persona hacia otra como para hacerle daño sin remordimiento alguno? ¿Por qué imponerse de esa forma sobre alguien que debería ser motivo de admiración (o al menos, de respeto)?

Y me pongo en el lugar de estos chicos, me imagino cómo sería sobrellevar la presión de no poder ir ni a tomarse un café en una panadería sin que haya alguien que te reconozca y te siga a todas partes; y llegué a la conclusión de que es necesario usar máscaras cuando se es una celebridad. Puede que sientas una enorme ira hacia es@s pubert@s que te acosan, pero sabes que si llegas a reclamarles, podrías perder el cariño de la gente. Podrían decir que se te subió la fama a la cabeza, que ya no quieres a los fans, que te “creciste” y que miras por debajo del hombro a los demás, ahora que eres famoso. Porque nunca faltará el tonto que cree que eres su payaso privado y que debes hacer caso a todo lo que él diga. Toda esa euforia que vemos en los videos de nuestros youtubers favoritos, muchas veces puede esconder miedo y enojo (miedo y enojo que de hecho está bien justificado).

No sé si algún youtuber estará leyendo esto. Me gustaría que alguno de ellos lo hiciera, en especial El Rubius, que es el que parece haber sufrido más este fenómeno. Quisiera decirles a todos ellos que no todos sus seguidores son así. Que entre su audiencia existe gente que los respeta y los admira, pero por sobre todo, que no han olvidado que ustedes son seres humanos tan comunes y normales como nosotros, y no dioses inalcanzables. Sé que en el fondo ellos quieren que los veamos así.